Vivir en el sur

Me detuve frente a este paisaje del sur y partí por lo esencial: el volumen del cerro y la forma en que la vegetación se despliega en capas. Trabajé primero los verdes, superponiendo aguadas amplias para construir profundidad, dejando que el agua hiciera su propio recorrido sobre el papel. El fondo nace suave, casi insinuado, y a medida que avanzo aparecen los contrastes: los claros del prado, las sombras más densas del bosque, las pequeñas construcciones que dan escala humana al paisaje.

La orilla, en primer plano, está resuelta con tonos más cálidos y una pincelada suelta, apenas sugerida, para que el ojo descanse antes de volver a subir hacia el cerro. No busqué el detalle exacto, sino la sensación de estar ahí: el espacio abierto, la distancia, el silencio del lugar. La acuarela se fue armando por capas, respetando los blancos del papel y aceptando las transparencias como parte del relato.


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