Rivera otoñal

Esta acuarela nació en un momento de observación silenciosa del paisaje otoñal. El día estaba cubierto, con nubes bajas y una luz suave que apagaba los colores sin hacerlos desaparecer. Frente a mí, el agua permanecía casi inmóvil, reflejando los tonos pardos, ocres y grises del entorno. Pinté dejando que las manchas se expandieran solas, buscando que el papel absorbiera esa sensación de humedad y de estación que avanza lentamente.

El primer plano lo trabajé con pinceladas sueltas y oscuras, como la vegetación que ya empieza a secarse y a perder fuerza. Al fondo, los árboles se diluyen en la atmósfera, apenas sugeridos, como recuerdos que se van alejando. Esta obra es una pausa en medio del otoño, un paisaje que no busca imponerse, sino contar una historia sencilla sobre el paso del tiempo y la manera en que la naturaleza cambia sin hacer ruido.


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Un día cualquiera frente al lago

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