Esta acuarela nace de la observación directa del paisaje del sur de Chile, donde la luz, la pendiente del terreno y la vegetación construyen la escena.
La composición se apoya en una línea diagonal que conduce la mirada a través del prado, reforzando la profundidad y el movimiento del terreno.
El cielo está trabajado con lavados amplios y degradados suaves, dejando reservas de papel para sugerir nubes y variaciones de luz.
El follaje se construye mediante superposición de verdes, aplicados en húmedo sobre húmedo, combinando masas oscuras y bordes irregulares para evitar rigidez.
Las figuras animales se integran al paisaje con economía de detalle, utilizando el contraste de valor más que el dibujo lineal, permitiendo que el color y el gesto definan la forma.
La paleta es reducida y dominada por verdes, ocres y azules, buscando coherencia cromática y unidad en toda la obra.
El sur de Chile es una fuente constante de inspiración: su geografía, sus campos abiertos y la relación directa entre naturaleza y vida rural orientan mi manera de pintar y observar.
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