El camino no se detiene: avanza entre verdes abiertos, se insinúa claro y vuelve a perderse, como si supiera adónde va aunque todavía no lo muestre. La acuarela lo construye con transparencias que se superponen, verdes jóvenes y terrosos que respiran movimiento, manchas que empujan la mirada hacia adelante. Los árboles no cierran el paso, acompañan; las colinas se levantan suaves, prometiendo continuidad. No hay reposo aquí, solo tránsito: una huella que nace, se transforma y sigue, llevando consigo la certeza de que cada paso es inicio, de que el futuro se abre en ese verde que aún no termina de decir su forma.
Hacia lo que viene

