Entre arboles

La escena se construye como un espacio interior proyectado hacia el paisaje. Los árboles no funcionan solo como formas, sino como límites y refugios, abriéndose hacia un centro luminoso que actúa como punto de atracción. La mirada avanza entre verdes profundos y veladuras superpuestas, siguiendo ramas que se cruzan y se interrumpen, como pensamientos que aparecen y se disuelven.

El agua refleja de manera fragmentada, sin nitidez, reforzando la idea de una imagen más sentida que descrita. No hay un recorrido directo: el camino visual se quiebra, se detiene, vuelve atrás. El color se acumula y se adelgaza según la necesidad del gesto, dejando zonas densas y otras apenas insinuadas.

Es una acuarela que no busca explicar un lugar, sino habitarlo desde la observación silenciosa, donde el paisaje funciona como metáfora de un estado interno: contenido, profundo y en permanente transformación.


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