Orillas de Puerto Octay

El agua refleja los verdes densos de los árboles, que dominan el plano sin imponerse, y las construcciones aparecen integradas, casi en silencio, como parte natural del ritmo del borde.

La acuarela trabaja desde la superposición y la pausa. El pigmento se asienta lentamente, dejando que el reflejo, la sombra y la forma se confundan. Puerto Octay, un paisaje habitado con respeto, donde lo construido y lo vegetal conviven sin tensión, sostenidos por un curso de agua que ordena la escena sin protagonismo.


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