El gesto de crecer

El tronco se inclina como si estuviera en pleno gesto de crecer, empujando el espacio, abriéndose paso entre capas de verdes que se superponen sin pedir permiso. Las ramas no ordenan el aire: lo atraviesan. Las hojas aparecen y desaparecen en manchas sueltas, como si brotaran justo en el instante en que el agua toca el papel.

El verde no es fondo: es acción. Se derrama, se infiltra, se mezcla y azules que sugieren suelo húmedo, sombra viva, savia en movimiento. El agua corre y deja huellas irregulares, pequeñas explosiones blancas que no limpian, sino que revelan energía, respiración, pulso.

La pintura parece estar ocurriendo aún: la naturaleza surge mientras se la observa, como si el paisaje no existiera antes del gesto, como si crecer fuera un acto inmediato y constante. No es contemplación: es presencia.


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