La torre de la iglesia

Acuarela trabajada en capas transparentes, combinando lavados amplios para el cielo y el follaje con pinceladas más definidas en la arquitectura. Predominan los verdes modulados y los ocres cálidos, contrastados con azules suaves que aportan profundidad y aire. El volumen se construye por superposición de tonos y reservas de blanco del papel, logrando una atmósfera luminosa y serena. La composición equilibra masa vegetal y estructura, guiando la mirada hacia la torre como punto focal sin rigidez.


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